¿Nos Enseñan a Ser Felices?

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El Siguiente artículo es un fragmento del libro ‘El Paradigma de las Relaciones‘ escrito por nuestro colaborador Miguel Perozo

Cuando le preguntamos a un niño qué le gustaría ser cuando sea mayor, esperamos respuestas como: médico, arquitecto, abogado, o cualquier otra profesión que implique obviamente haber terminado una carrera y que les valga para ganar dinero y darles seguridad material en la vida, dando por hecho que la “felicidad” ya cuentan con ella. Pero qué ocurriría si la respuesta del niño fuera algo relacionado con sus emociones, sus sentimientos, su creatividad, algo que les divierta, o sencillamente respondiera: ¡¡de mayor….quiero ser feliz!!

Y yo me pregunto, ¿por qué no nos enseñaron a se felices? Nos han enseñado a vivir ”una carrera de estudios”, en vez de enseñarnos a vivir “una vida”. Y lo peor de todo es que muchos de los niños de hoy, tan sólo quieren ser felices, estar sanos y sentirse seguros. Y digo ‘lo peor’, porque nosotros, adultos y movidos por la ignorancia, damos por echo que ‘todo eso ya lo tendrán’ si trabajan y ganan dinero.

En la educación, siempre se ha dado mucha importancia a la inteligencia pura y dura. Nuestros sentimientos, emociones, creatividad, etc, no aparecían nunca en nuestras ‘notas’ de clase. Y luego lo curioso es que no eran los más listos de la clase los que mejor se ‘movían en la vida’.  Prestad atención a este relato que leí una vez:

Un hombre picaba en una cantera sudoroso y contrariado. Alguien le
preguntó:
– ¿Cuál es su trabajo?
Y contestó con pesadumbre:
– ¿No lo ve? Picar piedra.
No lejos de allí otro hombre picaba también sudoroso y molesto. Alguien le
preguntó:
– ¿Cuál es su trabajo?
Y contestó con pesadumbre:
– ¿No lo ve? Tallar un peldaño.
Finalmente un tercer individuo picaba, pero transpirando alegre y distendido.
Alguien le preguntó:
– ¿Cuál es su trabajo?
A lo que contestó con media sonrisa:
-Estoy construyendo una catedral.

Como explica Pedro Miguel Lamet en la revista AVIVIR sobre este relato: Esta pequeña historia ilustra bien lo que influyen las emociones en nuestras formas de conocimiento. El tercer hombre era feliz realizando exactamente el mismo trabajo que los dos anteriores porque se sentía emocionalmente motivado.

¿Por qué algunas personas parecen dotadas de un don especial que les permite vivir bien, aunque no sean las que más se destacan por su inteligencia? ¿Por qué no siempre el alumno más inteligente termina siendo el más exitoso? ¿Por qué unos son más capaces que otros para enfrentar contratiempos, superar obstáculos y ver las dificultades bajo una óptica distinta?

La respuesta viene de la importancia dada a la inteligencia emocional, término popularizado por Daniel Goleman, que es “la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos”. El autor de este famoso best seller estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones.

Teniendo esto en cuenta, no es de extrañar que hoy día se calibre en el currículum vitae de las personas candidatas a un puesto de trabajo también su estado emocional, ya sea a través de dinámicas grupales, de la grafología, y de otros diferentes tipos de test psicológicos que permiten conocer e identificar la sensibilidad del aspirante más allá de sus
calificaciones académicas, referencias y experiencia. Como personas que somos, es imposible pensar que podamos vivir sin emociones.

Ya lo dijo Saint-Exupéry: “Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos”

El sistema educativo por el que hemos pasado y se está pasando en la actualidad, ha dejado, está dejando y dejará en el mundo probablemente a muchas personas alienadas, aferradas a unos paradigmas que les han instalado en sus mentes y que de forma inconsciente ven todo lo que ocurre a su alrededor como algo normal y natural y a los que nadie les ha enseñado a desarrollar su inteligencia emocional para poder ser más felices
aprendiendo a relacionarse con las emociones y sentimientos, tanto propios como de los demás.

Estas personas, si sus relaciones personales no funcionan, normalmente no se preguntarán por qué no funcionan, y ¿sabéis por qué?, pues porque ni siquiera se les ocurre pensar sobre ello. Aceptarán como normal que las relaciones no funcionan. Habrán sobrevivido a dieciséis años de sistema educativo sin que nadie les haya enseñado a ser quienes realmente son, para que así puedan encontrar la felicidad dentro de sí mismos y no obligarles a que la busquen fuera. Y todo esto ha producido un desajuste emocional en los niños que se refleja a partir de su adolescencia.

Afortunadamente estamos viviendo unos momentos en los que parece que “algo está ocurriendo”, y ese “algo” tiene mucho que ver con la infelicidad que existe hoy día. La gente cada vez está ‘mas cansada de todo’, de una gran infelicidad a todos los niveles de la vida. Esto está llevando a muchas personas a hacerse preguntas, preguntas que hasta ahora no habían sido necesarias porque no estábamos llegando al límite en el que ahora la
sociedad se encuentra.