El siguiente post apareció en la página www.thespiritualscientist.com gestionada por Chaitanya Charan Prabhu y es la respuesta a la siguiente pregunta:

Cuando hablo sobre Dios, el alma, la re-encarnación, la gente a menudo pregunta: ¿por qué discutir cosas tan poco científicas en esta era moderna de la ciencia?

Respuesta: Esa pregunta que le hacen no surge del pensamiento científico, sino de su creencia en el cientificismo, una peculiar escuela de pensamiento que coloca a la ciencia como un halo de “omnisciencia”.

El reputado físico Fritjof Capra, en su conocido libro El Tao de la Física explica que el conocimiento científico es como un mapa. Así como un mapa nos ayuda a navegar por el territorio mapeado, la ciencia nos ayuda a manipular el mundo físico. Sin embargo, un mapa, no importa cuan exhaustivo sea, no es el territorio ni una descripción completa del mismo. De manera similar, el conocimiento científico, no importa lo exhaustivo que sea, no es ni la realidad, ni una descripción completa de ella. Si el mapa nos ayuda a alcanzar con precisión una casa en particular de una ciudad, donde nos reunimos con el propietario de la casa, ¿decidiremos que el propietario de la casa no existe y es imaginario porque no se muestra en nuestro mapa? Obviamente no. De manera similar, el conocimiento científico puede guiarnos eficientemente en nuestra exploración del mundo físico, pero cuando nos encontramos con características esenciales de nuestro mundo que no se encuentran en el mundo de la ciencia como las emociones, la conciencia, el libre albedrío, la búsqueda de significado y propósito, ¿deberíamos rechazarlas como no científicas e irreales? Obviamente no.

El ex presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, advirtió con elocuencia sobre las consecuencias del cientificismo: “Hay tanta superstición en la ciencia como en la teología, y la primera es más peligrosa porque aquellos que la padecen están profundamente convencidos de que se están liberando de toda superstición. Ninguna repulsión grotesca de las supersticiones medievales, aún como ha sobrevivido en el siglo XIX de España y Napoles, pudiera ser mucho mas intolerante; mucho mas destructiva con todo aquello que es correcto en moralidad, en un sentido espiritual, y parte de la civilización; que este duro materialismo dogmático de hoy que a menudo simplemente se llama científico, pero se apropia el derecho único de usar el término. Si estas pretensiones afectaran solo a los científicos, sería una cuestión de poco tiempo, pero desafortunadamente, tienden a afectar gradualmente a todo el mundo y a establecer un estándar muy peligroso de conducta privada y pública en la mente pública“.

En su notable libro Ciencia Mecanicista y no Mecanicista, Dr. Richard L. Thompson, quien se gradó en Cornell, explica cómo el camino del Bhakti-yoga explicado en La Bhagavad-gita constituye una ciencia de dimensión superior que incorpora a Dios, el alma y la reencarnación, y explica coherentemente aspectos esenciales de la vida que la ciencia moderna no puede explicar. Más importante aún, el camino de La Gita nos invita a cada uno de nosotros a verificar sus verdades de manera experimental.