El siguiente artículo ha sido escrito por Janardana dasa para la revista Espacio Humano.

Muchas personas cuando se enteran de que soy científico (matemático) y que al mismo tiempo soy religioso, o espiritualista, o como prefieran llamarlo (Hare Krishna), se sorprenden y bastante. Como si el tratar de estudiar este mundo de manera racional (la ciencia) y el creer en la existencia de un ser eterno lleno de amor e intentar conocerlo y adorarlo (la religión) fueran dos cosas totalmente incompatibles. Esta tendencia que hay en la actualidad, de ver la religiosidad y ciencia como dos maneras diametralmente opuestas de buscar explicaciones a la realidad que nos rodea, no siempre existió.

Si vamos atrás en nuestra historia, hubo tiempos en que estas dos disciplinas del conocimiento humano vivieron pacíficamente e incluso se impulsaron una a la otra. Por ejemplo, en la antigua India la religión dio un impulso bastante notable a las matemáticas y la astronomía. Para ellos complacer a los dioses era necesario que los sacrificios (yajñas) se realizaran de la manera más precisa y exacta posible.

Con este fin era imprescindible que las figuras geométricas que representaban lo divino y lo terrenal tuvieran dimensiones iguales a pesar de ser figuras muy diferentes, lo cual desarrolló notablemente la geometría y permitió el estudio de las raíces cuadradas; por otra parte, también era importante que esos sacrificios se hicieran en momentos muy específicos para que el resultado fuera el óptimo, lo que impulsó notablemente el estudio de los astros.

También debido a su cosmovisión y los enormes números usados por estos antiguos sabios del oriente para describir la duración de las eras y algunos pasajes de sus escrituras, necesitaron desarrollar un sistema numérico eficiente que permitiera trabajar con grandes magnitudes.

Como resultado se obtuvo esencialmente el sistema numérico que hoy usamos y que llegó a Europa a través de los árabes, pero que tuvo sus raíces en estas grandes personalidades del oriente antiguo.

Dinámicas similares entre la ciencia y la religión se pueden encontrar en casi todas las sociedades de la antigüedad. Entonces, ¿en qué momento se distanciaron? Europa, a finales del siglo XVI inicios del XVII. ¿Cuál fue el motivo? En pocas palabras, la ciencia tuvo un cambio de paradigma y los líderes religiosos de entonces no supieron lidiar con dicho cambio. Las soluciones no fueron el dialogo y la búsqueda de la verdad, sino la ceguera a los hechos, el destierro e incluso la muerte. Pasaron de ser sirvientes de Dios a tener el Complejo de Dios.

Pero su poder duró poco, y la ciencia fue ganando terreno y para muchos, entre los que me incluyo, la ciencia pasó a ser el dogma de la sociedad moderna. Todo lo que haya probado la ciencia la mayoría lo aceptamos como cierto, aunque probablemente ni siquiera seamos capaces para entender cómo llegaron a esos resultados, qué hablar de testearlos para ver si son ciertos o no. En esencia, en nombre de la razón, hemos traspasado nuestra fe de la religión, los santos y las escrituras; a los científicos, los experimentos y la ciencia. Lo cual no es criticable, ni juzgable en lo absoluto, cada cual deposita sus creencias en lo que desea, pero no es cierto que hayamos cambiado completamente razón por fe. Ni la ciencia está exenta de fe, ni es cierto que la religión no tenga un ápice de razón. Con lo cual veo perfectamente posible que una persona racional (incluso un científico) tenga sentimientos religiosos o inclinaciones espirituales.

¿Puede volver a existir una conciliación entre la ciencia y la religión o la espiritualidad?

Algunos afirman que sí y ven la clave en los descubrimientos en el área de la física cuántica. En lo personal, creo que incluso los que se dedican netamente al estudio del mundo cuántico saben muy poco del mismo, pues al parecer es un reino que constantemente puede sorprendernos.

Con lo cual no soy tan optimista al respecto, pero sí creo que es posible que ambas ramas del saber y la naturaleza humana (ciencia y religión, fe y razón) convivan pacífica y respetuosamente; en un mundo donde lo que prime sea el diálogo y la cooperación y no la guerra y la lucha por la supremacía. Para que ese día llegue creo que los científicos deberían estudiar un poco de teología antes de hacer declaraciones sobre Dios, que a fin de cuentas es un asunto que se escapa de su campo de conocimiento; y los religiosos deberían adoptar posturas similares en campos en los que no son expertos.

Respecto a la sorpresa que provoca el ver a un matemático Hare Krishna, tengo que confesar que la matemática me ha ayudado muchísimo a la hora de estudiar los textos religiosos de una manera sistemática y de estructurar las ideas y categorías filosóficas y religiosas en mi cabeza; pero también mi práctica religiosa me ayudó profundamente en el transcurso de mi carrera a tener la serenidad y la ecuanimidad necesarias para estudiar una materia para muchos muy difícil y me ayuda a día de hoy a ver el mundo de una manera mucho más empática y consciente de que hay mucho más allá de lo que percibimos con nuestros sentidos.